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Reviviendo
Arte y sueños
Por Edgar Moreno
edgarmor7@gmail.com
La Factoría de Arte y Sueños de Sopó fue
un programa que se inició el 16 de febrero de 1998 como una opción
cultural y artística donde jóvenes y adultos podían aprovechar
su tiempo libre en esta escuela de música informal, que tenía
como objetivo principal formar a través del arte y la música
a un nuevo ciudadano.
Fueron aproximadamente 723 personas entre niños, jóvenes y adultos
los que hicieron parte de este programa, que en su momento fue dirigido por
el músico y gran amigo Luís Forero, más conocido como
Lucho, quien con ayuda del señor alcalde de ese entonces sacaron adelante
este proyecto y le dieron la oportunidad a muchos ciudadanos de expresarse
y hacer conocer su música sin importar el estilo o gusto musical de
las personas que allí llegaban, porque la factoría se caracterizó por
tener gran variedad de géneros musicales entre ellos rock, pop, salsa,
bolero, norteña, música colombiana, entre otros. Además
contaba con instructores que dirigían las clases de canto, solfeo, batería,
percusión, guitarra, saxofón, bajo y teclado.
La factoría tuvo varias sedes. En sus inicios fue en el colegio cooperativo,
luego en una casa contigua a la iglesia, después en una casa finca arriba
de la carrera 1a con calle 4ta, que fue costeada por el mismo Lucho. Al verse
sin el apoyo que antes existía, tuvo que acudir a entidades
como la Gobernación de Cundinamarca y la Empresa de Energía de
Bogotá que facilitaron algunos recursos para continuar con el proyecto.
Sus últimos días fueron en un local ubicado cerca al parque principal.
Durante sus 10 años de duración, sus grupos participaron en diferentes
festivales a nivel nacional como el Festival Petronio Alvarez de música
del pacifico en Cali; en Expo-música; se presentó en los canales
City TV en el programa Sin cédula; en Señal Colombia en el programa
Vida de Barrio; se realizaron más de 400 presentaciones en 23 municipios
de Colombia y en las misas dominicales, que luego era precedida por el domingo
cultural en el parque.
Fue una gran época en donde los miembros factorinos vieron cómo
sus sueños y aptitudes eran posibles en este lugar; donde además
de tocar y aprender teoría musical, podían hacer amigos, intercambiar
ideas, música, bailar, ensayar coreografías que ellos mismos
creaban. Se realizaban rifas para financiar sus actividades, pero lo más
importante era recordar los valores que a veces olvidamos y con los que se
pretendía formar mejores ciudadanos, ya que su director promovía
conferencias didácticas de diversos temas, actividades lúdicas
como el cine club, caminatas ecológicas, entre otras, con el fin de
integrar a la comunidad. La factoría era un lugar donde no había
impedimento para poder expresarse y decir lo que se pensaba, donde todas las
ideas eran plasmadas en un lugar místico llamado el muro de los sueños;
un espacio que podían decorar a su gusto, allí los factorinos
podían celebrar sus cumpleaños, hacer tareas de colegio, jugar
con un perro abandonado que se convirtió en la mascota y al cual llamaron
factorino. Fue una buena época que extrañamos y recordamos con
nostalgia, un sueño que se terminó debido a la falta de apoyo
de las administraciones posteriores y por la falta de recursos.
En fin la factoría no solo era una escuela de musical informal, si no
un proyecto comprometido con una labor social y con la juventud. Realmente
hace falta otra factoría y sería muy bueno pensar en ello, ya
que sabemos que en nuestro municipio existen jóvenes con mucho talento
y expectativas, los cuales necesitan de un espacio para expresarse y revivir
sus sueños. Se acerca un nuevo año, con nuevos gobernantes, esperemos
que también emprendan buenos proyectos y en Sopó han existido
modelos a seguir, la Factoría y sus sueños es uno de ellos.

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