A
mis padres y hermanos. A mi esposa hijos y nietos
INTRODUCCIÓN
El título anterior puede parecer el enunciado de un cuento, una novela
o una telenovela. Pues en ninguna carta geográfica de la Sabana aparece
la población de Cueca. Si a alguien se le llegare a preguntar sobre
ella, seguramente diría que no la conoce. O quizás podría
asociar su nombre con el de la Cueca chilena, el hermosísimo ritmo de
la nación hermana.
Cueca, sin embargo, no es un producto de la imaginación: son muchos
y centenarios sus blasones históricos hasta 1653, menores en los años
siguientes y, finalmente, se llega a su extinción y olvido. Existen,
además, importantes investigaciones arqueológicas cuyos hallazgos
remontan su prehistoria a la noche de los tiempos. Por lo anterior, sin temor
a exagerar, puede decirse que Cueca es un pueblo muerto con historia y prehistoria,
y el pueblo que la suplantó, Sopó, un pueblo vivo, sin historia
propia, al menos en el lapso de 1538 a 1653.
La documentación conocida de las dos poblaciones, para esos años,
aparece con algunas carencias que dificultan la determinación de la
verdad. Al estudio de esas carencias y a la complementación de informaciones,
he enfocado mi curiosidad, y hallado relaciones de hechos relevantes en los
primeros encomenderos, tres de Cueca y uno de Sopó, de los cuales menciona
el investigador Roberto Velandia a los tres de Cueca; pero el otro, el de Sopó,
no aparece en ninguna de las historias tradicionales, Él, en mi concepto,
es fundamental para dilucidar lo acaecido allí.
FUENTES HISTÓRICAS
Dos son los historiadores autorizados sobre el tema de Cueca y de Sopó,
ambos vinculados a la ciudad de Zipaquirá. El primero, miembro de ilustre
familia zipaquireña y soposeña, el Doctor Enrique Ortega Ricaurte,
brillante investigador e historiador, quien fuera miembro de la Academia Colombiana
de Historia en Bogotá. A él se debe la Monografía publicada
con el auspicio del Ministerio de Gobierno, en 1935, por solicitud del Concejo
Municipal de Sopó.
El segundo, destacado y muy bien informado miembro de la Academia de Historia
de Cundinamarca, en Zipaquirá, y también de la Academia Colombiana
de Historia en Bogotá. Es ampliamente conocida su capacidad como investigador
y escritor. Baste decir, que es la mayor autoridad sobre la historia de ciudades
y pueblos de Cundinamarca, incluida Cueca. Por lo tanto, es quién puede
dar fe de la veracidad de los hechos que menciono mas adelante. Me refiero
al historiador Roberto Velandia.
A estos dos ilustres historiadores debemos el rescate de Cueca, con la inclusión
en sus libros de las fuentes documentales que lograron acopiar sobre ella.
Debo incluir a otro historiador, al doctor Ignacio Avellaneda Navas, de la
Academia de Historia de Bogotá, de cuyas publicaciones obtuve los informes
sobre el primer encomendero de Sopó, e informes adicionales sobre el
primer encomendero de Cueca, que, a la postre, resulta ser el segundo.
HALLAZGOS
Antes de la llegada de los españoles, aparentemente, fueron enemigas
las dos poblaciones. Pues mientras los sopoes fueron los güechas o guerreros
permanentes del Zipa, quienes custodiaban su imperio desde el centro de la
Sabana, probablemente en el sitio que habría de llamarse y aun se llama
Aposentos, los Cuecas defendían su territorio al oriente, que formaba
parte del territorio del Tiba de Guatavita, de quién fueron tributarios.
Pues esa provincia, nos dice Lucas Fernández de Piedrahita en sus Noticias
Historiales , “dilatábase hasta las fronteras de Turmequé ,
y era su príncipe o cacique tan poderoso , que señoreaba por
una parte y otra del sitio en que tenía su corte, todas las tierras
que ocupaban los Quecas y Tocancipaes.....” No obstante, la historia
tradicional señala a Cueca como tributaria de Sopó.
En lengua indígena, la interpretación de su nombre, Cueca, podría
resultar desagradable, pues la primera partícula, Cue, señala
al piojo de la cabeza. La segunda, Ca, es cercado de piedra o fuerte de piedra.
Esto sugiere, para lo primero, un posible desdeñoso apelativo, similar
al que se ha dado desde la colonia a los soposeños: requesones. A los
cuecas, en su tiempo, pudieron denominarlos, humorística o desdeñosamente:
piojosos.. La segunda partícula, Ca, sugiere, en cambio, cercado o fuerte:
una condición de Güechas, seguramente al servicio del Guatavita.
Los dos pueblos, pues, pudieron ser los guardianes de las dos fronteras.
LOS INVASORES
A la llegada de los españoles, Cueca permanecía en su territorio
tradicional; y lo estuvo hasta 1653. Los sopoes, como se explica mas adelante,
y a partir 1540, fueron, al parecer, un pueblo de desplazados que anduvo por
el valle del Teusacá durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera
mitad del siglo XVII. Es de anotar que en 1553. ya existía la intención
oficial de reducir a los indios Meusas y Sopóes, a un lugar donde se
pudieran mantener unidos y controlados : a Cueca.
Al finalizar el siglo XVI, la principal autoridad de la Nueva Granada, el Presidente
Antonio González, quién interpretaba el pensamiento político
del Rey, en la ordenanza de Corregidores de 1593, de la que transcribo un aparte
con su misma ortografía, dice :
“Y porque de la inclinación
de los naturales se entiende que por bien y mansedumbre no hazen cossa buena
y es necesario que un poco de rrigor y algunas veces mas para las hazer venir
a la virtud hordeno y mando que cuando esto fuere necesario que el sacerdote
avisse en secreto al corregidor el qual conforme a culpa negligencia o delito
al tal yndio le castigue sin que se entienda que los sacerdotes an sido causa
del tal castigo porque de aquí vendra a conseguirse lo que se desea
que es que tengan amor a los sacerdotes y miedo al corregidor a los cuales
encargo los caciques y capitanes que an de ser tratados con diferencia que
los demás indios y mas a los cristianos que tambien les an de onrrar
y tratarlos con mas benignidad que a los demas infieles porque estos vengan
a conocimiento de nuestra sancta fee viendo a los cristianos mas honrrados
y auentaxados en todo lo qual a los unos y a los otros encargo mucho procedan
con prudencia para cossas semejantes de bien necesario”
Esta ordenanza, seguramente, fue una de las causas de la desaparición
de Cueca . Entre los sacerdotes y los corregidores, todos ellos agentes y empleados
del Rey, pudieron existir, incluso, violaciones del secreto de la confesión,
para beneficio particular o del Estado. Para los dos pueblos hubo un sacerdote
que fue el centro de todo este problema. Si él fue quién realizo,
injustamente, el hecho que se referirá mas adelante, razón tendría
el Santo Padre Juan Pablo II, al pedir perdón por los errores cometidos
en la cristianización de América.
LOS DERROTADOS
Ahora bien:
Llegado Gonzalo Jiménez de Quesada a Suesca, debió dar muerte
allí al soldado Juán Gordo, como todos sabemos. El hecho reveló a
los naturales que los recién llegados no eran los sagrados Suagüagüas,
o hijos de Sua (el sol), que anunciaba una legendaria profecía, sino,
simples mortales. Con ésta información suministrada al Zipa por
el Tiba o cacique de Nemocón, aquel pudo organizar a sus guerreros para
enfrentar y desalojar a los incómodos invasores. Al respecto Fray Pedro
Simón nos dice:
“Y así, en breve
tiempo, se vieron en campo con sus armas seiscientos hombres, que le pareció (al
zipa) ser bastantes para resistir a ciento sesenta que le habían dicho
eran los nuestros, y marchando aprisa desde Bogotá para Suesca camino
de diez leguas, llegaron tan a la callada y sorda, que sin ser sentidos de
los nuestros, se pusieron a las espaldas de los altos de Nemocón.”
Y siguiendo al mismo cronista, me permito recordarles una parte de su descripción
sobre la batalla de indígenas y españoles efectuada en las cercanías
de Tibitó. Nuestro fraile historiador afirma:
“Con el socorro
que les llegó a los soldados que andaban ya hasta los codos las
manos en la masa de la guazábara, cobraron nuevos bríos
y con los de los unos y de los otros , vinieron a conocer los pobres
naturales cuan
pobres eran sus fuerzas para con las de los nuestros, y aun cuan poco
les ayudaba y socorría un cuerpo muerto mirrado y seco que traían
en unas andas en manos de los indios, muy adornadas con muy buenas mantas
y una buena escuadra en su guarda. Este debiera ser de algún indio
valiente y venturoso en las guerras para que les ayudara a ellos en ésta,
poniendo en él vanísima confianza, lo traían con
tanta veneración. Pero viendo que su partido andaba tan malo y
que no sentían
ningún favor en él, antes estorbo en ocuparse en llevarlo
y guardarlo, les pareció mas acierto guardar sus personas, pues él
no era para eso. Y así soltándolo entre los demás
cuerpos que habían acabado la vida en la guazábara, se
valieron de los pies como los demás, procurando ponerse en cobro,
como también
lo hizo el Bogotá (el Zipa) que, habiendo estado en unas andas
en hombros de indios a la mira de un alto algo apartado , viendo lo que
pasaba
en la pelea y viendo cuan de malas andaban los suyos, se hizo llevar
aprisa en sus mismas andas , con remuda de indios a un cercado o casa
fuerte que
tenía llamado Sumungotá, media legua del pueblo de Cajicá,
arrimado a la sierra hacia la parte de Zipaquirá“.
Derrotado el ejército indígena, sus integrantes debieron huir
hacia sus poblaciones a comunicar la trágica derrota. Esta debió ser
mas humillante para los sopoes, a quienes se habría encomendado la defensa
del sector que ofrecía mayor peligro, como güechas oficiales del
zipazgo; y debieron ser recibidos con desprecio por sus muyscafuchas (mujeres);
sus chuta (hijos e hijas); sus tybaras (viejos); sus chutquas (viejas); pues
ahora, todos quedaban a merced de los Suagüagüas (hijos del sol).
Ellas debieron suponer a esas deidades ofendidas, con la acción de guerra
realizada en su contra, y, naturalmente, esos seres celestes castigarían
a los sacrílegos; y a ellas y a ellos, y a sus hijos e hijas. Debieron
llorar, angustiadas, pues sabían que esas deidades, como su padre Sua,
(el sol), solo se alimentaban con sangre y carne humanas y preferían
la blanda de los güasgüachas (niños); de la güasgüafuchas,
(niñas); o como también les decían: “chinos”o “chinas”,
denominaciones muiskas que todavía usamos en nuestro idioma habitual.
Algunas güasgüafuchas, las mayorcitas, alegres y fiesteras, a las
que quizá llamaban güarichas, y hoy les decimos sardinas, debieron
pensar en esos semidioses, y, como propósito, talvez decidieron ofrendarles
sus cuerpos para llegar a tener un hijo , como el legendario Goranchacha, cuya
madre, la hija del Tiba de Güacheta, lo concibió en su seno, engendrado
por el propio Sua.
Toda la comunidad indígena se sintió amenazada, y todo cambió para
ellos. En adelante los Suagüagüas fueron los amos, quienes, cada
día, se mostraron más crueles y abusadores. Desde entonces, los
indígenas ya no les dieron ese nombre sacrosanto, pues habían
demostrado ser verdaderos Sue, (demonios o malignos) : en adelante, fueron
suegüagüas, (hijos de sue) A sus mujeres, quienes llegaron unos años
después,.las llamarían suefuchas, (malignas o diabólicas).
Después de la batalla en la cual ciento setenta conquistadores españoles
derrotaron a diez mil indígenas, [número quizá exagerado
que señala Piedrahita], ni éste cronista, ni tampoco Fray Pedro
Simón, mencionan los nombres de los encomenderos asignados a los pueblos
conquistados. Voy a nombrar a uno de ellos para Sopó, y a tres para
Cueca, incluyendo a, nadie menos, que al Señor Presidente de la Nueva
Granada.
EL ENCOMENDERO DE SOPÓ
Unos tres años mas tarde, después de esa batalla en que salieron
derrotados los naturales,, hizo su aparición el encomendero, porque
:
“ Al manifestar los indios de Sopó su decisión de no continuar
sirviendo a los cristianos, a fines de 1540 o muy a principios de 1541, el teniente
de gobernador y justicia mayor del Nuevo Reino, Hernán Perez de Quesada,
mandó a Melchor Valdés a que hiciese guerra y castigase a los rebelados.
Según testimonio de Morell dado en Santa Fé, en Octubre de 1543, él
estuvo presente en esa guerra y en todos los maltratos que les hicieron a los
indígenas de Sopó, quienes estaban encomendados a Valdés”
De otro soldado, al servicio de Valdés, de apellido Robledo, se dice:
“ Habiendo sido acusado
Miguel Valdéz de haber hecho guerra cruenta contra sus encomendados
en Sopó porque no querían servirle, entre 1543 y 1547 hizo diligencias
para probar su inocencia, llamando testigos que avalaran lo que él aseguraba
había pasado. Indicó Valdéz que el entonces justicia mayor
del Reino, Hernán Pérez, a principios de 1541 le mandó acompañado
de un Robledo a que hiciese el castigo del rebelado Sopó. Robledo tomó la
orden de Pérez con mucho rigor y, según Valdéz , si no
fuera porque él intervino, mataría y torturaría a muchos
mas indios de los que castigó. Alcanzó Robledo, sin embargo,
a ahorcar tres naturales que no eran caciques ni principales, a cortarles las
manos a dos o tres hombres y las narices a cinco o seis mujeres y muchachos.
La Presencia del sanguinario Robledo la avalaron los testigos Rodrigo Morell,
quién se halló presente al castigo, Juan Puelles y Juan Montaño.”
Las muertes y maltratos a los indios de Sopó y la rebelión de éstos,
es corroborada en pleito entre Melchor Valdéz y el Fiscal General de
la Real Audiencia, el Licenciado Juan Alonso de la Torre, en el legajo 1.115
en el Archivo general de Indias.
Respecto a las anteriores acusaciones a Valdéz y con referencia al lugar
donde se produjeron los hechos, se le acusa, además, “de haber
mandado ahorcar siete principales de un árbol que estaba detrás
de los Aposentos de Sopó y que les cortaron la cabeza a muchos otros
indios”
Informaciones sobre el cruel encomendero, lo señalan como a uno de los
mas importantes capitanes de la conquista, y, también, fundador; pues
lo fue de Santiago de Sompallón, el puerto de descanso que existió en
el Magdalena antes de que fuese fundada la actual Mompox. Pero, no es tema
para este momento.
Las horrendas muertes y terribles castigos a los indios e indias de Sopó,
seguramente, los obligó a huir a las montañas. Y como muchos
otros indios, en circunstancias similares, se fugaron hacia unos cerros situados
detrás de la actual Casablanca norte, en el municipio de Sopó.
Las fugas las corrobora Miguel Triana cuando dice:
“....la fuga a los montes,
el suicidio en masa en los peñascos y cuevas inaccesibles, las epidemias
despobladoras , la extenuación, la degeneración y el embrutecimiento
de los sobrevivientes” , fue el trágico destino de muchas tribus.
Entre ellas, la de los sopoes. Los que sobrevivieron, permanecieron así largo
tiempo. Luego, talvez, para estar más cerca de su territorio tradicional,
Aposentos, se trasladaron al occidente de Cueca, hoy territorio conocido
como “Pueblo Viejo”.
En 1553 se produjo la primera y fallida reducción en Cueca de los sopoes
y de los meusas, otra importante tribu de la región. En 1600, fueron
reducidos a Tocancipá, donde los sopoes debieron soportar la vivienda
conjunta con Meusas, Untas, Cuecas y Gachancipaes.
En 1639, finalmente, partirían de “Pueblo Viejo”con Fray
Francisco Chacón, entre cantos y sonorosas chirimías, rezando
el rosario en idioma chibcha, a realizar la “Fundación”,
que fue, en realidad, la definitiva “reducción” de los sopóes
y de lo meusas. Y porque Sopó fuera parroquia y solo doctrinas Cueca
y Meusa, en adelante, por disposición del santo fraile, o de su comunidad,
fueron todos : Sopó.
Fray Francisco Chacón, en lo sucesivo no tendría que sufrir el
incómodo desplazamiento a los dos poblados indígenas situados
a media y a dos leguas de Cueca, para doctrinarlos; estaría cómodo
allí, en su nuevo pueblo de Sopó, generoso, rico y feraz, donde: “habiendo
bendecido la iglesia fui con la cruz alta revestido con capa de coro, y recibí la
dicha procesión y entrando los santos en la iglesia, dije misa cantada
con mucha solemnidad y ....tomé posesión de dicho pueblo”.
Agrega, mas adelante: “....mandé fuesen
todos a deshacer la iglesia que queda en el otro pueblo viejo y las casas que
allí tenían por apariencia de pueblo en que no vivían,
que hasta hoy fecha de esto no las han quitado”
Fray Francisco debió hallarse satisfecho, además, con la obra
que había obligado a realizar a los cuecanos: una iglesia o capilla
de tapia y techo de paja, para beneficio suyo, de los sopoes y los meusas Los
cuecas, obedecieron. Era su nuevo y obligado destino. La mayoría de
ellos se desplazó luego a otros sectores. Los que allí quedaron,
fueron sirvientes, en su propia tierra, de Fray Francisco, de los reducidos
sopoes y meusas, y de los encomenderos de unos y otros. ¡Ya nadie volvió a
hablar de los Cuecas, ahora arrimados a los sopoes, sus posibles enemigos tradicionales!.
¿ Porqué ocurrió lo anterior?
Conviene decir que Cueca fue un poblado sobre el cual existieron y existen
grandes ambiciones. Brindaba leña y agua en abundancia, y buenas tierras
de cultivo. Además debía obedecerse a Su Majestad y al Presidente
de la Nueva Granada, quién expidió el siguiente documento que
transcribo con su misma ortografía:
“El doctor Antonio Gonzales
del Consejo rreal de las yndias de su majestad Gobernador y Capitán
general del nuevo rreyno de granada y presidente de la rreal audiencia dél....es
necesario que todos los dhos indios y naturales se reduzcan a poblazon y
se pueblen en los lugares y sitios mas convenientes a su salud y comodidad
y a donde tengan agua y leña y sus labranzas y granjerías zerca
y así combiene que los corregidores ante todas cossas con gran cuidado
y diligencia hagan poblar y pueblen los indios que no estuvieren poblados
según dho es compeliéndoles a ello por todo rigor quemándoles
si fuere necesario los buhios y rranchos que sus encomenderos les dieren
a favor y comodidad de los dhos indios...”
Yten ordeno y mando que los dhos corregidores ni alguno dellos no traigan en
su servicio y compañía ningún mestizo ni mulato por excusar
las demasias y agravios que estos suelen hazer a los indios y ansy mismo que
para las prisiones que les huuieren de hazer nombren alguaciles antes hagan
este oficio con los indios...”
Los sopoes, como dijimos anteriormente, debieron vivir errantes, y pasar de
un sitio a otro, buscando la forma de sobrevivir, cazando y recolectando frutos
y sabandijas, plantando entre la fronda, saqueando, hurtando, trabajando en
las estancias de los españoles ,o en las de los cuecas y meusas, durante
unos ciento quince años, hasta la llegada del milagroso fraile, quién,
hizo desaparecer a Cueca, y resucitó a Sopó.
Los mulatos y mestizos nombrados en la cita anterior, permanentes salteadores
y ladrones de gallinas, debieron trocarse en cazadores y recolectores forzados
y permanecer errantes, pues para ellos no hubo lugar alguno bajo el sol : eran
los güaches.
JUAN ALONSO Y JUAN FUERTE, DOS ENCOMENDEROS DE CUECA
Dice el Dr Enrique Ortega Ricaurte que, fundada el 6 de Agosto de 1538 la ciudad
de Santafé, el Mariscal Quesada procedió al primer reparto de
tierras “correspondiéndole al conquistador Juan Alonso la encomienda
de Cueca”, lo cual es cierto. Pero ocurrió que al llegar Federmán,
el General Quesada debió otorgar beneficios a los capitanes y soldados
de ese importante y nuevo General, y se acordó que la encomienda de
Cueca, que disfrutaba Juan Alonso, en delante la disfrutara Juan Fuerte.
‘Ocaris le dedica el Arbol XXXIV de sus genealogías a Juan Fuerte
dándolo por conquistador de las provincias de Paria en Venezuela, donde
se halló en muchas batallas con indios, hiriéndoles y siendo herido
muchas veces, sacando trece de ellas en una pelea. Hombre corpulento, de gran ánimo
y de grandes fuerzas, entró en el Nuevo Reino por el año de 1539
con el señor Nicolás de Federmán y murió en 1584.
Encomendero de Cueca, en el distrito de Santa Fe, fue nacido en Astorga del matrimonio
de Juan y María Fuerte, casado con Catalina, india natural del Cuzco,
y tuvo hijos naturales a Francisca Valenzuela nacida en Quito y a Luisa Fuerte.
En Isabel, india de Tunja, tuvo a Isabel Fuerte; y en Juana, india, a María
Fuerte y a otra casada con Juan Guillén” Hasta aquí Ocariz. ‘Pero
tuvo también a Juan el mestizo, que nació en la doctrina de Cueca
hasta que su padre hizo dejación de esa encomienda y se la adjudicaron
a Juan Alonso’
Juan Fuerte disfrutó de la encomienda de Cueca desde 1539 hasta 1559,
o sea durante veinte años. Esta última fecha la menciona el Dr
Roberto Velandia (24), cuando dice que Juan Fuerte devolvió a Juan Alonso
su antigua encomienda a condición de que le construyera en ella, casa
adecuada.
Quisiera hablar de otros encomenderos nombrados para Cueca y Meusa y sus características,
pero las limitaciones de tiempo no lo permiten. Son varios los de Cueca, uno
o dos los de Meusa y solo uno de Sopó, lo que destaca la preeminencia
de Cueca. Estudiándolos, se llega a otra conclusión más:
Cueca, por su desarrollo y sus abundosos recursos, fue la mas importante población,
del valle de Teusacá. Sus encomenderos, fueron hombres destacados, desde
Juan Alonso , quien además de Capitán, fuera alcalde de Vélez
en distintos años; hasta Don Juan de Borja, Presidente del Nuevo Reino
de Granada y de su Real Audiencia.
De acuerdo con lo dicho, de una manera sucinta podemos llegar a las siguientes
nuevas conclusiones:
1ª Hemos supuesto siempre al Municipio de Sopó, como lo dice su himno:“Un
remanso de paz.”. Pero los tremendos abusos que ejercieron sobre él
los conquistadores, lo tornaron en un pueblo en pié de guerra. Al principio,
creyéndose los sopoes poderosos, se rebelaron contra los intrusos, sin
imaginar las terribles consecuencias que tendría su acción: el
Encomendero Valdez habría de ejecutar los castigos ya descritos, y debieron
huir de su territorio tradicional, y vivir como tránsfugas.
2ª El nuevo poblado, formado con los indígenas de Sopó , Meusa
y Cueca , se llamó Sopó. Ninguno de ellos lo disfrutaría:
la parroquia de indios, se tornó de blancos; muchos indígenas
continuaron siendo trasladados a diversos lugares, como bestias de carga, o,
como esclavos, utilizados en minas lejanas, de donde, generalmente, nunca regresaron.
3ª Hay una incógnita: ¿Porqué el poderoso encomendero
de Cueca, Don Juan de Borja, no hizo nada por salvar su encomienda y a sus
encomendados, quienes durante años procuraron su manutención?
Es verdad que en el año de la muerte de Cueca, también había
fenecido este ilustre personaje, quien solo figura en la historia de Cueca
dotándola con ornamentos sagrados. Su biógrafo, el investigador
Manuel Lucena Salmoral, refiriéndose a los indígenas en general,
también halló extraña la actitud. del Presidente para
con los naturales. En su obra, hizo una amplia y sórdida descripción
sobre la “Republica de los Indios”. Más adelante menciona
a fray Francisco Chacón, y se refiere a él como uno de los lengüaraces
moscas mas destacados de su comunidad. pero nada dice de ella. Y es extraño,
pues a este Presidente se le ha calificado en la historia, como un gobernante
justo, pero no lo fue con Cueca y tampoco con Tibabita, su otra encomienda,
que se localizaba en territorio que en la actualidad forma parte del Municipio
de la Calera
4ª En la época de la Republica, cuando se hicieron ciudadanos los indígenas
resguardados que quedaban, fueron despojados de sus tierras, pues ahora podían
comprar y vender y....vendieron. Eran libres. Solo que no lograron nunca reemplazar
su heredad. De encomendados, se tornaron en peones asalariados. También
las Leyes españolas que protegían los resguardos desaparecieron
en la avanzada legislación republicana. Hábiles hombres de negocios
se adueñaron de esos resguardos, por medios oscuros o quizá legítimos
y, se acrecentaron los latifundios.
5ª En el Siglo XX los hacendados o finqueros que todavía daban trabajo
a los indígenas, peones y aparceros que quedaban, ya no pudieron pagar
los salarios ordenados por la Ley, que los legisladores progresistas y justicieros,
en aras del derecho de igualdad, determinaron que devengarían iguales
salarios que los obreros en la gran industria y el comercio. Debieron, pues
vender y marcharse a la ciudad. Fueron nuevos desplazados que, de sus mercedes
o dones que fueran, debieron decir don a su patrón: el industrial, el
comerciante, o también el narcotraficante, de quienes, quizá,
fueron sus empleados o ejecutivos. Otros, hallaron cómoda y rentable,
la actividad política. o diplomática.
6ª Esas tribus, Cueca, Meusa y Sopó, indudablemente muikas, también
fueron herederas de un remoto pasado, aun desconocido, que quizá debamos
restaurar dentro de un proceso de ordenamiento espiritual de nuestra prehistoria. ¿Acaso
no existen evidencias arqueológicas de mas de once milenios de antigüedad
que revelan fascinantes acciones de los primitivos, quizá antecesores
de esas tribus? Las publicaciones del Académico Doctor Gonzalo Correal
Urrego, hablan de ese pasado, incluso la última, publicada por ésta
Academia.
7ª A Cueca la desconocen hasta sus descendientes, los cuecanos o Quecanos,
los cuecan o Quecán, gentilicios que se tornaron apellidos. Cueca, reposa,
pues, en su tumba de silencio, sin siquiera una flor.
CONSIDERACIONES FINALES.
El Doctor Manuel Lucena Salmoral, mi profesor en el Instituto Superior de Historia
de Colombia, donde cursé conjuntamente con dos compañeros, actualmente
miembros de la Academia de Historia de Cundinamarca, en una de sus disertaciones,
y hablando del siglo XVII, lo calificó como el siglo del oscurantismo
americano:
“ Pues -dice- la mayoría
de los historiadores americanos y europeos han dedicado la mayor parte de
las investigaciones a los siglos XVI y XIX, durante los cuales se suceden
los aconteceres brillantes de los descubrimientos, las conquistas, las guerras
liberadoras y las instituciones republicanas”
He tomado la cita anterior de su libro, en el que se halla también, éste
concepto:
“La historia de Colombia, como parte de ese todo que es la Historia de
América, tiene también esa página en blanco del siglo XVII.
Y acontece que Cueca se halla dentro de esa página en blanco. Como ella
se encuentran quizá muchas otras poblaciones desaparecidas en ese siglo.
En Zipaquirá, posiblemente, algunas de las que fueron nombradas por
el Señor Presidente de esta Corporación, Doctor Roberto Corradine
Angulo, en su discurso del 16 de Agosto de 2000, cuando se celebraban 400 años
de Zipaquirá. Dentro de ellas nombró a Tenemenquira o Tenemenquirá ; ésta,
por ser una quira o poblado grande, nos inquieta.¿Qué sucedió con
esa importante comunidad?.
¿ Qué aconteció con Suativa, con Unta, con Tibitó?
El Doctor Salmoral, advierte :
“ Es pues preciso iniciar
de una vez por todas la investigación histórica del siglo XVII.
Es necesario definir los hechos y colocarlos en un cierto orden cronológico.
Cuando los pacientes estudiosos de los archivos hayan hecho esta enorme labor,
podrán venir sobre sus frutos los demás historiadores para buscar
los distintos prismas de enfoque de cada suceso.”
Es lo que aquí he hecho, obedeciendo a ese filosofo de la historia.
El doctor Roberto Velandia, por su parte, en uno de sus escritos de los Boletines
de la Academia de Historia de Cundinamarca, nos invita a estudiar y difundir
la historia de nuestros municipios , con las siguientes palabras :
“Si es cierto que a
los municipios les gusta e interesa su historia, nada más indicado
que estudiarla, compendiarla, escribirla, publicarla y enseñarla en
escuelas y colegios para que las nuevas generaciones aprendan su procedencia,
su pasado y se enorgullezcan de los grandes hombres de ayer si es que en
ella algunos aparecen. Esto contribuye a acentuar el sentimiento de patria
chica y de patria grande. Nuestros pueblos tienen una historia muy bonita,
de leyenda, de hechos heroicos, de grandes emprendimientos, de esforzados
trabajos creadores, de actos nobles, de vuelo intelectual y espiritual; la
historia de los caminos reales, de las carreteras, de los ferrocarriles,
de los caminos de penetración a las montañas y de la colonización
de éstas; en fin, tantas y tantas cosas que bien podrían escribirse
muchos libros.”
Muchos de los nombre chibchas usados en este trabajo,
han sido tomados del Diccionario y gramática Chibcha, del Instituto
Caro y Cuervo 1987, Otros, de los cronistas, y de distintos autores,
a quienes
he compendiado en un trabajo sobre las diferentes culturas chibchas
dentro del territorio colombiano, que pienso, habrá de servirme
de guia en futuras investigaciones.
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