Una
manera de ver la imaginación
Por
Silvia Maldonado Parraga
silvia@elhabladorweb.com
Todos los individuos cuentan con una capacidad creadora
que se activa desde el momento en el que surge un chispazo
de inspiración o cuando en el contexto en el
que se encuentran aparecen necesidades por satisfacer
o problemas por solucionar. Es así como, gracias
a esta capacidad creadora, han aparecido los grandes
inventos de la historia, las impactantes obras de
arte y las fantásticas obras y narraciones literarias,
que al igual que las anteriores, le permiten a las
demás personas deslumbrarse por la practicidad
y funcionalidad de muchos objetos creados y transportarse
a otros momentos y espacios en el momento de apreciar
o interpretar una obra de arte, leer un cuento, un
verso o una novela.
El proceso creador va de la mano de la imaginación,
la cual ha sido tema de reflexión de muchos
autores. Lo paradójico de este tema es que mucha
veces desconocemos o ignoramos que todos lo seres humanos
poseemos una capacidad imaginativa, considerando de
manera errada ser personas “poco imaginativas”.
Esto permite afirmar que la imaginación no es
un don que únicamente ha favorecido a unos pocos
mortales, por el contrario, es una facultad que todos
los sujetos poseen y que se va fortaleciendo a lo largo
de la vida.
Cuando se activa la imaginación, no necesariamente
los productos que de esta surgen deben alcanzar un
carácter novedoso y único dentro del
contexto en el que se crean, también se consideran
imaginativas las cosas creadas a partir de la reproducción
de las experiencias vividas por cada ser humano, de
sus emociones o de las experiencias, que aunque no
se hayan vivido personalmente si han sido vividas y
contadas por otros.
Dentro del contexto escolar los niños se ven
expuestos a tareas en las que pueden expre-sar a través
del dibujo, la escritura, el arte plástico etc.,
su capacidad imaginativa. La mayoría de veces
estas creaciones reproducen las experiencias tanto
personales, como las que han podido vivir otros sujetos
cercanos, asociadas a un sinnúmero de emociones,
es por esto, que cuando los estudiantes se ven enfrentados
a la escritura de un cuento, por ejemplo, casi siempre
aparecen personajes, situaciones, espacios y problemas
que hacen parte de la cotidianidad o que se han visto
en películas o leído en diferentes historias.
Sin embargo, el proceso imaginativo también
hace uso de los intereses que acompañan a los
sujetos a lo largo de su desarrollo, es decir que durante
la infancia existen unos intereses particulares y a
medida que pasa el tiempo estos se van modificando;
tanto así que algunos autores han planteado
que entre más maduro sea un individuo, más
imaginativo podrá ser, ya que tendrá dentro
de sí una mayor cantidad de experiencias.
El
que un niño construya historias cargadas de
principes, castillos, dragones, ogros, madres, padres,
hijos, guerras, etc., no significa entonces que sea
poco imaginativo, lo que ocurre es que su imaginación
en ese momento manifiesta un carácter reproductor.
Es precisamente acá, en donde la escolaridad
puede ofrecer un acompañamiento a la imaginación
al generar situaciones en las que los estudiantes
puedan tener contacto con actividades en las que evoquen
experiencias vividas por estos, permitiéndose
su transformación y combinación con
emociones, o con otras experiencias ajenas. En este
sentido, por ejemplo antes de sentarse a escribir
una historia o crear un dibujo, se puede inducir la
actividad motivando la combinación de un par
de palabras obtenidas al azar y que aparentemente no
tienen ninguna relación; o porque no fomentar
la creación a partir del uso de palabras antecedidas
por un prefijo que altera su significado usual, como
por ejemplo un “antiparaguas”, o la unión
de palabras que riman entre sí o que comienzan
por la misma letra o el planteamiento de un “que
pasaría si…”.
Estos últimos ejemplos, solo son una muestra
del gran número de actividades que se pueden
desarrollar con los estudiantes al interior de las
aulas, con el propósito de fomentar en éstos
una mirada diferente del entorno, que se salga de la
interpretación literal acostumbrada, para así llegar
a encontrar posibles relaciones ocultas entre la cosas,
a través de las cuales estos puedan expresar
y combinar sus experiencias y emociones, ya sea a través
de un dibujo, una narración, etc., y que al
ser recibidas por otras personas, éstas se transporten
a diferentes escenarios, momentos y realidades.